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Depresión

El trastorno depresivo mayor es una enfermedad, aunque algunas personas creen que se trata de una forma de enfocar las situaciones cotidianas y que se puede solucionar con tener fuerza de voluntad. Por tanto, al igual que en otras enfermedades, se debe saber cómo reconocer una depresión y el control que se tiene que realizar.

Tiene una prevalencia anual del 5% de la población. Hay que tener en cuenta, que puede coexistir con otros trastornos mentales como:Trastornos por ansiedad: Pueden tener síntomas similares, por tanto hay que tenerlo en cuenta, ya que si existiera se deberían realizar los dos diagnósticos.

Trastornos de la conducta alimentaria: Los síntomas de inicio de este trastorno pueden ser síntomas del estado del ánimo.

Alcoholismo: Pueden presentar clínica depresiva que mejora con la abstinencia. En ocasiones puede ser consecuencia de un estado depresivo.

Trastornos de personalidad: Ensombrece el pronóstico del trastorno depresivo. Frecuentemente el más asociado a la depresión es el trastorno límite, aunque también puede ser el tipo dependiente y el evitativo. Existen factores que incrementan el riesgo de padecer un trastorno depresivo, como:Antecedentes familiares: El riesgo de desarrollar una depresión es mayor, si se tiene una historia familiar de depresión u otro trastorno psiquiátrico, que dentro de la población general.

Experiencia traumática durante la infancia: Como el divorcio entre sus padres, haber sufrido abusos físicos y psíquicos.

Sexo, edad, estado civil: Las mujeres tienen el doble de riesgo que en los hombres, ésto se explicaría ya que en los hombres existe una síntesis de serotonina mayor del 52%. Suele tener una edad de inicio en torno a los 40 años, aunque recientemente se está observando un comienzo de los síntomas a partir de los 30 años debido a la presencia de factores estresantes dentro de la vida cotidiana. Entre las personas divorciadas o separadas se encuentra una mayor frecuencia de este trastorno, que en aquellas que están casadas o que conviven con otras personas.

Lugar de residencia: Parece ser que es más frecuente en zonas urbanas que en las rurales. Ésto tiene que ver con el nivel de vida tan estresante y la falta de comunicación entre los habitantes de las grandes urbes.

Trabajo, estrés: Los desempleados durante más de seis meses tiene tres veces más riesgo de desarrollar un cuadro depresivo que la población general. Factores que conllevan a una situación crónica de estrés, como encargarse del autocuidado de un familiar o acontecimientos negativos, como la pérdida de un ser querido, están asociados con mayor frecuencia al desarrollo de una depresión.

Enfermedades médicas, consumo de fármacos: Enfermedades como infecciones virales crónicas, cáncer, cardíacas, desequilibrios hormonales e hipotiroidismo están claramente asociadas con la depresión. Muchos fármacos como los analgésicos, sedantes, producen síntomas depresivos. Se deben tener en cuenta a la hora de realizar el diagnóstico.

Tabaco y alcohol: El abuso de alcohol produce síntomas depresivos, que cuando coexiste el trastorno depresivo tiene grandes implicaciones en el resultado del tratamiento. En pacientes con un trastorno depresivo, se ha objetivado un aumento en el consumo del número de cigarrillos. También, aparecen alteraciones del estado del ánimo cuándo intentan dejar de fumar.

¿Cuándo se considera que un paciente padece una depresión?

La dificultad que presenta el realizar el diagnóstico de episodio depresivo, se debe a que la mayoría de los pacientes acuden a la consulta de Atención Primaria con quejas físicas propias de la depresión, síntomas inespecíficos (cefalea, nudo en la garganta, etc.) o síntomas de otra enfermedad concomitante. A pesar de ello, con alta frecuencia, se realiza el diagnóstico y manejo de este trastorno.

Si se sospechara una depresión, ya fuera porque el propio paciente refiere pérdida de interés o tristeza, o por los signos apreciables en su rostro, se realizará una anamnesis dirigida acerca de la presencia durante al menos dos semanas, de los siguientes síntomas típicos: Ánimo deprimido durante la mayor parte del día, (aunque algunos pacientes se muestran irritables y tensos más que tristes).

Alteraciones en el ritmo del sueño, (despertares en mitad de la noche, dificultad para reconciliar el sueño. En ocasiones, presentan hipersomnia cuando se acompaña de una intensa astenia).

Alteraciones del apetito, con variaciones del peso, (normalmente existe pérdida de apetito y de peso, aunque pueden presentar un excesivo apetito acompañándose de “atracones”).

Lentitud motora o agitación, (es muy frecuente que presenten disminución de las actividades cotidianas y que se encuentren cansados la mayor parte del día).

Astenia.

Sentimientos de inutilidad y culpabilidad injustificados.

Pérdida de interés por actividades cotidianas o placenteras, (se suele acompañar de disfunciones sexuales, como anorgasmia o disminución del apetito sexual).

Dificultad para la concentración o pérdida de memoria.

Pensamientos de muerte o ideas autolíticas. En ocasiones estos síntomas pueden encontrarse enmascarados y el paciente acude con múltiples quejas físicas como dolores musculares, indigestiones, cefaleas crónicas, etc. Es importante tenerlo en cuenta, para realizar una buena anamnesis y realizar un diagnóstico correcto, y así evitar la utilización de múltiples fármacos que no le van a mejorar su sintomatología. También, se debe indagar sobre la presencia de síntomas psicóticos como alucinaciones, escucha de voces que le dicen que le van a matar, etc.

Pueden ser de ayuda las distintas subescalas de la depresión como el cuestionario de Beck o la escala de Hamilton.

Además, se realizará una exploración física y neurológica para descartar o confirmar una enfermedad médica asociada al episodio depresivo y se preguntará sobre el consumo de sustancias o fármacos que pudieran producir sintomatología depresiva (ver tabla 1-2). Las pruebas complementarias iniciales serán un hemograma, iones y hormonas tiroideas.

Si presentara algún problema específico médico y existieran complicaciones o resistencia al tratamiento antidepresivo se completará el estudio con un control analítico de enzimas hepáticos, niveles séricos de B12 y ácido fólico, VSG y serología para sífilis y VIH. La realización de pruebas de neuroimagen (TAC, RNM) estará indicada ante la presencia de alguna alteración en la exploración neurológica, antecedente de traumatismo craneoencefálico o cefaleas.

¿Con qué otros cuadros se puede asociar un trastorno depresivo?

DEPRESIÓN Y SÍNDROME PREMENSTRUAL.

Se define como síndrome premenstrual, cuando presentan síntomas físicos o psíquicos durante los cinco días antes del período menstrual y desaparecen un día o dos días después de haber finalizado éste.

Los síntomas psicopatológicos incluidos en el diagnóstico de un episodio depresivo como los físicos (cefaleas, artralgias, mastodinia), deben interferir con las actividades cotidianas. Afecta al 5 % de las mujeres con menstruación.

Se puede mejorar la sintomatología, si se instaura una serie de medidas higieno-dietéticas como: disminuir la ingesta de sal y azúcar a partir de la segunda mitad del ciclo, reducir el consumo de cafeína, comer comidas poco copiosas y de una forma frecuente, realizar ejercicio aeróbico, realizar una dieta equilibrada con una ingesta adecuada de calcio (1200mg/día que equivalen a tres vasos de leche), verduras y frutas. Si los síntomas fueran severos, se pueden instaurar distintas opciones terapéuticas, como los anticonceptivos hormonales, fármacos antidepresivos, y en los casos más severos se debería interrumpir el ciclo mediante terapia hormonal.

DEPRESIÓN POSTPARTO.

La depresión postparto es una experiencia normal en muchas mujeres después del nacimiento de su hijo, que en un 90% de las ocasiones se resuelve sin tratamiento.

Suelen presentar síntomas como tristeza, llanto espontáneo, ansiedad, alteraciones del sueño, etc. durante los siete-diez días siguientes al parto. Aunque, normalmente esta sintomatología remite espontáneamente, mejoran clínicamente al realizar reposo y recibir apoyo por parte de su familia y amigos.

Pueden desarrollar, a las seis semanas e incluso al año del parto, síntomas similares a los especificados en el trastorno depresivo, en un 10% de los casos. También, se asocia a preocupación de forma obsesiva por la salud de su hijo, a realizar críticas sobre las habilidades de sus parientes o a mostrarse indiferente e imparcial sobre los cuidados que necesite su hijo. Si esta serie de síntomas duraran más de dos semanas, es necesario iniciar tratamiento farmacológico y psicoterapia (de la misma forma que en un episodio de depresión mayor).

Se debe comentar a la paciente, que existe un 50% de posibilidad de desarrollar otra depresión postparto en un siguiente embarazo.

BIBLIOGRAFÍA:

1. - Herrán A, Cuesta Núñez MJ, Vázquez-Barquero JL. Trastornos del estado de ánimo: Trastorno depresivo mayor. En: Vázquez- Barquero JL. Psiquiatría en Atención Primaria. Ed. Grupo Aula Médica S.A., 1998: 234-248.

2. - Rojo Moreno L, Livianos-Aldana L, Cervera-Martínez G, et al. Rearing style and depressive disorder in adulthood: a controlled study in a Spanish clinical sample. Arch Gen Psychiatry 1999 Dec; 56(12): 1109-15.

3. - Carney PA, Dietrich AJ, Eliassen MS, et al. Recognizing and managing depression in primary care: a standardized patient study. Br J Neurosurg 1999 Oct; 13(5): 480-5.

  Doctor en Psiquiatría Juan de Dios Molina Martin - Nš Colegiado 45639 Madrid - Todos los derechos reservados. Telef. 91 489 16 36